Mostrando las entradas con la etiqueta Juan Emilio Alicea Cortés. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Juan Emilio Alicea Cortés. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de octubre de 2011


A NADIE LE IMPORTA 
Por: Juan Emilio Alicea Cortés

No hay nada peor que un imbécil con iniciativa, ausencia de sentido común y enmarañado complejo de inferioridad. Este empotramiento de cualidades hace de cualquier individuo, un inepto cuadrúpedo con la habilidad de destruir cualquier organización, sin importar la excelencia de sus compañeros. Esta es la realidad en muchas de las organizaciones gubernamentales y privadas que mantienen batatas políticas en posiciones de liderazgo y poder. Esporas durmientes que no contribuyen al desarrollo del bien pero que a la menor provocación esparcen sus venenosas partículas para fastidiarle la vida a cualquier ser viviente. Sin embargo, a nadie parece importarle.
Si a usted le violaron sus derechos constitucionales, si es víctima de discrimen en su empleo, si le repugnaron en la sala de espera o nunca recibió el servicio, no se preocupe en protestar. Si su factura eléctrica subió este mes, como si usted tuviera una termonuclear en su apartamento, no intente refutar; tal medida lo llevara a desarrollar una úlcera temprana. ¿No tiene el servicio de agua por las últimas dos semanas? ¿Por qué discutir? Solo aquellos que se bañan todos los días necesitan tan preciado líquido y usted no debe de beber tanta agua. De todas formas, a nadie parece importarle.
Nuestras carreteras son embreadas con ennegrecido betún de zapato en época de elecciones. Durante el resto del cuatrienio, las vías de tránsito parecen cráteres marcianos que muy generosamente demolerán la carrocería de su automóvil. Proyectos de construcción que tomarían meses en terminar, son retrasados consecutivamente, en un intento de continuar socavando los fondos gubernamentales que usted y yo sufragamos. La transportación publica colectiva no puede ser levantada del pavimento, debido a la falta de repuestos mecánicos. Los pocos medios de transportación disponibles parecen gritar de angustia ante el constante abuso de sus servicios. Pero, a nadie parece importarle.
En un intento de ganar adeptos y engañar al pueblo, grandes pancartas son erigidas a diario, comunicando a los cuatro vientos las grandes y costosas obras comunitarias. Sus grandes tamaños abrigan la isla, informando del gran progreso y desarrollo. Más bien, parecen encubrir detrás de ellos el derroche fiscal y el bochornoso hurto de horas laborables, ignorando las verdaderas necesidades. No obstante, a nadie parece importarle.
Hacinadas salas de emergencias y largas horas de espera son la norma. Con agonía y empedernida aflicción, su premura no agilizará el proceso; conseguirle un camastro dentro de 3 días será más difícil que pintar el Morro a brocha. Con reforma en mano, finalmente encontrará su lecho hospitalario y será referido a una larga quirúrgica lista, que muy seguramente le causará la pérdida de su paciencia y salud. Aspirina y alcoholado serán los recetados mejunjes, que gracias a la vasta cubierta médica gubernamental, le aliviarán ese inocuo tumor cerebral. Como el dolor no es ajeno, a nadie parece importarle.
Exigua seguridad nacional, desmembrada economía general, decadente transportación colectiva, menesterosos servicios médicos, maltrecho sistema educativo, endeble sistema energético, anticuada distribución pluvial, inconsistente planificación urbana, corrupto procedimiento legislativo, monopolizado sistema bancario, favoritismo contractual, torcido régimen contributivo y sobrefacturación de servicios públicos, son alguno de los resultados directamente asociados a la ineficiente administración por parte de directivos y gerenciales en nuestro gobierno.
¿Por que culpar a la alta gerencia estatal por el desmadre, abandono y falta de esmero social? La culpa esta en el electorado que elige a sus líderes por sus lindas caras y vagas promesas. Fueron elegidos en castigo a pasadas administraciones sin pensar en las consecuencias de sus actos. Ante la euforia del momento y el rítmico fervor de las comparsas políticas, el pueblo sufragó su voto sin conocer a la persona que lo representaría en el alto gobierno. Votamos por colores y no por valores. Ahora esta del pueblo en hacer un cambio significativo para la isla. Pero, si usted es un fanático politizado, que sin cerebro ejecuta su voto, se queja de todo y no está en acuerdo con este artículo, usted es uno de esos que no parece importarle. ©




jueves, 1 de septiembre de 2011

Este excelente artículo fue publicado originalmente en El Bembeteo y aún se puede leer en sus "páginas". Agradezco al amigo Juan Emilio Alicea Cortés la autorización para publicarlo en este blog.

¿ESPERANZA? 
Por: Juan Alicea Cortés 

Cerca del 1977, en el pueblo de Moca, mi tío José Luis Alicea (que en paz descanse) decía que ya no había hombres de respeto como los de antes. Hombres donde su palabra era honor sin necesidad de vanos juramentos. Caballeros donde un fuerte apretón de manos y una mirada firme se convertía en sello oficial de su verbal tratado. Su riqueza era antónimo de honra, más el buen reconocimiento de su nombre era motivo de orgullo. 
Con seguro caminar y frente erguida, su confianza lo caracterizaba como columna del centro familiar. Una pausada, pero fuerte voz hacían eco de ideas simples y certeras. Su vestir manifestaba sencillez pero inspiraba admiración. Su gris cabellera reflejaba años de experiencia y sus ásperas manos, cicatrizadas por el escalpelo de la vida, testigos de ardua labor. En contraste, cabizbajos y sollozantes, nuestros jóvenes marchan sin rumbo como esperando que sus pasos los conduzcan al propósito de sus existencias. En sus manos cargan la incertidumbre y el desasosiego fundado al utilizar su pubescencia para malograr su futuro.Cuando encontramos personajes que sin vergüenza ni decoro deciden fotografiar su intimidad, en desafío a la moralidad humana, comenzamos a comprender la falta de compostura en nuestro mundo. No criticamos el derecho a la intimidad pero no aceptamos la pública expresión de grotescos ofrecimientos. Cuando estas proposiciones provienen de miembros del liderato de un país, es abrumador imaginar hacia que obscuro sendero nos encaminamos. Finalmente y luego de ser confrontado con tan vergonzosa evidencia, nuestro fotogénico delegado, involuntariamente y sin confesión dimitió sus responsabilidades. 
Con corrupto y arrogante andamiaje otros también han dejado su mal oliente huella entre los lóbregos pasillos de la casa de las leyes. Lugar de honor, convertido en nido de roedores que esperan nerviosamente apoderarse de 30 monedas de plata. Alimañas que ahora desean canjear su bochornosa historia a cambio de un listado de presuntos transgresores a los cuales una vez prometieron voto de silencio. 
¿Si estos grandes próceres de la demagogia y la bachata son nuestros dirigentes, que podemos esperar de todos los prospectos aspirantes a las riendas de nuestro país? No olvidemos que los ignorados jóvenes tendrán en sus manos las decisiones del futuro de nuestros hijos.
Lamentablemente, hoy observamos a nuestros impetuosos cachorros abrazar la idea de mostrar su ropa interior mientras sus pantalones de deslizan pidiendo a gritos un cinturón. Con ensordecedor y rustica melodía pretenden alimentar sus sentidos. En empeñada competencia por lucir sus colores desatan sus ocultos deseos con fémina delicadeza. Sin esmero procuran enriquecer sus bolsillos mientras maltratan la inocencia del grito que les dio la vida. Empedernidos en su imagen, manejan esplendorosas galeras, como distintivo de su altura y linaje. Sin experimentar sudor corpóreo, por el usufructo de sus labores, su ingenuidad y audacia es engrosada ante las gratuitas suculencias de la vida. Prontos a la ira, establecen su dominio, repudiando el dialogo y abrazando un sepulcro prematuro. 
Mas la vida no se detiene a contemplar tan vagabunda existencia y abre paso a los que deciden envolver la virtud del compromiso y esfuerzo. Futuros hombres que son forjados por iconos en nuestras familias, que no inquieren reconocimiento pero ameritan emulación.  Aún si solo quedare uno que aprecie la rectitud, la moral y la verticalidad, nuestro futuro tendrá esperanza de convertirse en la imagen de nuestros padres. Hombres en nada perfectos pero con la encomienda de representar a su patria en forma sencilla y de excelencia.


martes, 29 de marzo de 2011

VOLANDO BAJITO 
Por: Juan Emilio Alicea Cortés
 
El primer coche propulsado por vapor fue diseñado por Ferdinand Verbiest cerca del 1672. Desde entonces hemos intentado ir más rápido en un afán loco de ser los primeros y más veloces para satisfacer un placer oculto. Indudablemente todo lo que hacemos hoy tiene que hacerse ayer y para mañana. 
Con seguridad, cada vez que usted maneja su automóvil en la avenida principal se encontrará con algún elemento que sin escrutinios va manejando a gran velocidad o como dicen por ahí, “volando bajito”. Pensemos en ello por un momento. Sale usted de su casa muy tranquilamente en dirección al banco. Mientras conduce su automóvil se percata que detrás viene un objeto similar al que usted maneja. Aunque sabe muy bien que su auto no es tan grande, su retrovisor le indica lo contrario. Ese auto está tan pegado que parece que se funden en uno. Se percata que el individuo del retrovisor mantiene un firme agarre al volante mientras maniobra para ingerir un café caliente que le llevara parte del labio superior tan pronto lo intente. 
Como por arte de magia y con todas las vías congestionadas, este ejemplar al volante, decide pasar a toda prisa cueste lo que cueste. Sin importar luces ni señales de tránsito este machazo oprime el acelerador, escuchándose el quejido del motor que pide clemencia ante tan injusto pedido. Pasándole muy cerca de su puerta izquierda queda usted muy sorprendido al ver que no tan solo lleva un café en su mano: también lleva el celular en la otra. Este jinete va en una caja oxidada de tuercas y tornillos con un sistema de sonido que evade las leyes de la física moderna. 
Finalmente la mugrosa caja lo rebaza no sin antes darle un corte de pastelillo para evitar besar al edificio con 18 ruedas que viene en dirección contraria. Entusiasmado con su acrobática proeza y como si esto lo acercara más a su destino, oprime su agudo e infernal claxon como si deseara despertar los caballos apocalípticos. En una desenfrenada carrera contra el reloj el fugaz astronauta rebasa otros tres automóviles logrando avanzar unos 30 segundos frente a usted. 
Pasado unos 2 minutos y luego de presenciar tan intrépida hazaña usted llega a la sucursal del banco. Inmediatamente su corazón se escandaliza cuando en la misma fila y frente a usted se encuentra al cuatrero de la velocidad. Recuerde que después de todo, le lleva 30 segundos de ventaja. Luego de una corta hora en espera y numerosos chismes (de esos que el pueblo produce en tan confinado espacio) le toca el turno al piloto aficionado. No han pasado 30 segundos cuando el cajero le indica que no podrá tramitar la transacción. En su prisa, nuestro amigo no se percató de llevar consigo la factura. 
Increpando palabras y mirando hacia el cielo (como buscando una respuesta a su desespero y frustración) sale galopando de la sucursal, exigiéndole a su automóvil que le tele transporte a su destino. Usted (con sus treinta segundos de atraso) finalmente llegan frente al cajero y sin problemas gestiona su trámite. En cuestión de minutos (ya frente al volante de su humilde carruaje) emprende marcha a su hogar no sin olvidarse de detenerse primero en la panadería. 
Su desvío a la panadería tendrá que esperar ante lo que parece ser una congestión vehicular que desesperaría a una tortuga. Luego de 45 minutos de inmisericorde recorrido, unas escandalosas luces rojas y azules rebasan su auto en forma energética. Desapercibido por lo acontecido continua su lenta marcha hasta llegar cerca de aquellas brillantes y parpadeante luces que le rebasaron hace unos minutos. Como todo buen motorista y con grandes ansias de averiguar, reduce su velocidad para ver el espectáculo.
Un vehículo ha decidido abrazar un solitario árbol cerca de la avenida. Tan grande fue el afecto del automóvil al árbol que expulsó a su conductor de su interior. Todavía se distingue el redoblado esqueleto metálico de lo que hace unos minutos fue una caja oxidada de tuercas y tornillos que retumbaba con su ensordecedor ruido. Para sorpresa de todos y con vendas que arropan la mayor parte de su cuerpo, aquel galopante jinete de la velocidad vivirá para contar su historia. 
¿Porque vivimos con tanta prisa? ¿Hacia dónde vamos que amerita que 30 segundos de nuestro tiempo nos quite el resto de nuestras vidas? No solo cuando conducimos nuestro automóvil, sino también en la forma en que vivimos nuestro día a día. No tenemos tiempo para conversar, para sentarnos en familia a cenar, para dar gracias por lo que la naturaleza nos ha dado. No hay tiempo para nuestros ancianos y niños, para nuestra cultura e historia. No hay tiempo para crear, pero sí para destruir. No hay tiempo para ayudar, pero sí para fastidiar. Vivimos en un desesperado mundo donde la meta es ser el primero y el mejor sin importar cómo. Pero… ¿quién determina qué es lo mejor? ¿Quién y qué determina el éxito? 
Para algunos el éxito estriba en el dinero o cuántos títulos hay en la pared de la oficina. Para otros es satisfacer la sed de venganza sin condiciones. Sin embargo, para otros es vivir una larga vida, satisfechos de haber producido lo mejor de nuestros esfuerzos y haber sembrado el bien donde pudimos. ¿Cuál es la prisa? Algo es muy seguro: la muerte del cuerpo que tenemos prestado. La pregunta es ¿A caso sabe usted cuando va a morir o donde morirá? Si no puede contestar, no debe precipitarse en vivir tan aceleradamente. 
Cálmese y solo apresúrese a bajar el paso. No es importante preocuparse que otros sepan de qué forma vivimos, pero de qué forma nos recordaran después que vivamos. Recuerde que al fin y al cabo de nada vale estar “volando bajito”.